¿Se puede estar en una posición de poder y no tener autoridad sobre la gente?

¿Se puede estar en una posición de poder y no tener autoridad sobre la gente?

Cuando un funcionario dentro de una organización o fuera de ella, por diversas razones, es promovido para un nuevo cargo, donde, entre otras actividades, tendría que ADMINISTRAR Y DIRIGIR personas como parte de sus nuevas responsabilidades, la mayoría de las veces suele plantearse las siguientes preguntas:

¿Cómo conseguiré influenciar sobre los demás? ¿Cómo conseguiré que la gente haga lo que mi organización me ha encargado? ¿Cómo conseguiré sus ideas, su compromiso, su excelencia, que son, por definición, dones voluntarios?

Y la respuesta puede tener dos orientaciones:

  1. Lo conseguirá por el PODER JERÁRQUICO, y se convertirá en un JEFE o
  2. Lo logrará por la AUTORIDAD MORAL y se transformará en LÍDER.

Si el funcionario elige el “Poder Jerárquico” como único sistema de manejar a su gente, puede suceder que en forma orgullosa el defina su gestión algo así como: “Tengo la capacidad de forzar o coaccionar a alguien, para que éste, aunque preferiría no hacerlo, haga mi voluntad debido a mi posición o mi fuerza”.

Mientras que, si elige y trabaja de manera constante en ejercer la “Autoridad Moral”, es más probable que su orientación de vida la pueda entender como: “Estoy trabajando para conseguir que que la gente haga voluntariamente lo que yo quiero, dando siempre el ejemplo y ejerciendo, en todo lo posible, mi influencia como líder”

Por lo descrito, entonces podríamos animarnos a definir liderazgo como “El arte de influir sobre la gente para que trabaje con entusiasmo en la consecución de objetivos en pro del bien común”,  y esta definición, entre las decenas que existen, empata perfectamente con la visión que estamos proponiendo:  un ejercicio de INTEGRALIDAD, donde “arte”, “influir” y “entusiasmo” apelan a la extraordinaria capacidad del Cerebro Humano, desde el “Hemisferio Derecho” de crear, RELACIONARSE y fomentar emociones constructivas como la alegría, el entusiasmo, compromiso en su equipo; y por otro lado: “trabajo”, “objetivos” y “bien común” apelan a la cualidad del “Hemisferio Izquierdo” para guiar, fomentar RESULTADOS, mirando por el mejor y mayor bien posible de su gente, sus clientes, la comunidad etc.

Lo curioso de estas reflexiones es que se puede estar en una posición de poder y no tener autoridad sobre la gente. Y a la inversa, se puede tener autoridad sobre la gente y no estar en una posición de poder. Allí es donde puede emerger con claridad que el poder se puede comprar y vender, se puede dar y quitar. En cambio, la autoridad tiene que ver con lo que uno es como persona, por todo lo que ha trabajado en su formación del carácter, en su capacidad de adaptación, aprendizaje, compromiso, consciencia, responsabilidad, es decir, por todo lo que podríamos llamar su “PROPIO TRABAJO INTERNO”, emergiendo así con el tiempo lo que se conoce como el LIDERAZGO DEL SER INTEGRAL, que implicaría PENSAR (Conocimiento y Orientación), SENTIR (Emocionalidad y Relacionamiento) y ACTUAR (Resultados y Conquistas).

“Con el uso del poder podremos contar con las manos de la gente, pero su mente y corazón únicamente lo obtendremos con autoridad.”
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